marzo 24, 2025
La larga sombra de López Obrador

by Redacción

Claves detrás de la retórica presidencial. La distancia entre las mañaneras y las acciones del Gobierno.

Las carretadas de miel que ha lanzado la presidenta Claudia Sheinbaum sobre su antecesor Andrés Manuel López Obrador han levantado muchas cejas y preguntas sobre si sus recuerdos y reconocimientos diarios de su mentor obedecen a una dependencia patriarcal o a una debilidad de su mando que necesita del apoyo del núcleo duro del obradorismo, o si acaso es una estrategia donde la espuma y el perfume son para envolver las acciones que discretamente ha hecho, antagónicas a políticas de su antecesor. Pero lo que se ve en el primer plano es zalamería consistente y agradecimiento inagotable hacia López Obrador.

Es cierto. Sheinbaum, sin López Obrador, probablemente no un hubiera salido de su cubículo en la UNAM. La conoció hace 25 años, cuando en la integración de su gabinete para gobernar la Ciudad de México le preguntó a José Barberán, un matemático consecuente -ya muerto- a quien respetaba mucho, si conocía a alguien que pudiera trabajar sobre la problemática ambiental. Barberán la recomendó y López Obrador la contrató. A partir de ahí le fue funcional y ella se volvió su incondicional. Como a nadie, López Obrador la fue puliendo, y sin saberse en qué momento la imaginó como su relevo, a la mitad de su sexenio decidió que sería su candidata presidencial. Razones muchas hay para agradecerle que del campus universitario la haya llevado de la mano a Palacio Nacional en un cuarto de siglo.

Sheinbaum le ha correspondido. En los primeros 168 días de su gobierno, la presidenta ha tenido 126 mañaneras hasta el viernes 21 de marzo, y se había referido 575 veces a López Obrador en esas conferencias. Es decir, sin contar los fines de semana ni sus discursos, lo ha mencionado un promedio de 4.5 veces por día -subiría el número un poco más si se le restan los días festivos donde no hubo mañanera-. Ningún otro presidente se había referido con tal intensidad a sus antecesores como Sheinbaum de su mentor. Son varias las ocasiones en las que lo ha calificado como “el mejor presidente que ha tenido México”, y muchas veces lo llama “presidente”, un deferencia que no es inusual, pero que le ha ganado críticas por no decirle “expresidente”.

El número de menciones, sin embargo, ha venido a la baja. En octubre habló de López Obrador 157 veces, donde los temas recurrentes fueron la continuidad del Tren Maya y el Interoceánico, así como los Programas del Bienestar y diversas obras de infraestructura. “El presidente López Obrador avanzó muchisisísimo”, dijo en uno de los discursos de ese mes. “Si no, no podría haber hecho ni los Programas de Bienestar, ni el Tren Maya, ni la refinería ni todas las obras, porque no subió impuestos”.

En noviembre se refirió a él un total de 93 veces, resaltando y ensalzando los proyectos que emprendió en su gobierno, pero subrayando, para que no hubiera duda, que muchos de los que está llevando a cabo en su administración, son de continuidad. Es realmente un pleonasmo. Desde la campaña presidencial dijo que su tarea sería colocar el segundo piso de la Cuarta Transformación, como se define el proyecto obradorista.

La larga sombra de López Obrador

Las vacaciones de fin de año no frenaron la adulación, que fue constante en diciembre con las 107 ocasiones en las que se refirió a López Obrador, a quien utilizó para trazar silogismos en su propia relación con el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. Si él había tenido una buena relación con Trump, ella también la tendría. Aprovechó la sequía de abordajes críticos a sus palabras para salirse con la suya. Trump y López Obrador, como populistas que coincidían en enemigos -las instituciones, el estado de Derecho y los medios-, hablaban con los mismos códigos; Sheinbaum es una política tecnócrata, no populista. Para entonces ya le empezaban a crecer los señalamientos de su simbiótica relación.

Con 89 menciones, enero fue el mes en el que menos referencias tuvo hacia él, pero fue también cuando ella reaccionó a los señalamientos sobre su dependencia política y emocional de López Obrador. “Se dedican a criticar… que si gobierna el presidente López Obrador”, espetó, agregando que era, “además, de una manera muy misógina.” Las críticas no tenían identidad de género, pero la argumentación de actitudes misóginas de las políticas cuando son criticadas por asuntos de interés público, para descalificar y desviar, son cada vez más frecuentes.

Durante febrero la cantidad de menciones siguió reduciéndose. En este mes 72, donde volvió a referirse a la relación con Estados Unidos, aunque de manera un poco confusa sobre si las turbulencias que se estaban dando eran resultado de los cambios que hizo López Obrador dejando de cooperar en materia de seguridad, pero reforzando su lealtad incondicional al recordar, sin decirlo así, que adquirió los costos de la relación con España en solidaridad con su posición: indignado porque el rey Felipe VI, no se disculpó por la Conquista.

Hasta el pasado vienes llevaba 57 menciones de López Obrador durante marzo, resaltando la continuidad de su proyecto y el reconocimiento de sus logros, pero precisando de manera cáustica las diferencias en la forma como ambos informan. “Fue el gran dirigente de nuestro movimiento y un gran presidente”, dijo. “Y él tenía, pues, su forma de comunicar”.

Sheinbaum ha alineado su narrativa a la de AMLO, generándole criticas sobre esa dependencia que muestra. Sus niveles de popularidad siguen muy altos,  al mismo tiempo que ha llevado a cabo políticas totalmente contrarias a su predecesor.

Sheinbaum ha alineado su narrativa a la de López Obrador, generándole criticas sobre esa dependencia que públicamente muestra. Sin embargo, no le ha costado nada. Sus niveles de popularidad -reflejados en las encuestas de aprobación- siguen muy altos, al mismo tiempo que ha llevado a cabo políticas totalmente contrarias a su predecesor. La estrategia de seguridad es la más visible, pero también ha emprendido acciones que son crítica a lo que no funcionó en su administración. El modelo de adquisición y abasto de medicinas, la campaña de vacunación, la incorporación del sector privado al sector energético, y la creciente cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad, son algunos botones de muestra.

Con estos giros radicales, se podría argumentar que la chocante lagotería es un parapeto de Sheinbaum para alimentar el ego de López Obrador, que le permita por debajo del radar, instrumentar políticas contrarias a las que hizo. Hasta ahora, si fuera ese el caso, las cosas le están saliendo bien. Ha engañado con la vara de la vanidad, pero el sexenio, aunque no parezca, apenas comienza, y muchas de sus menciones la ubican más cerca de la sumisión que de la estrategia.

Por: Raymundo Riva Palacio
Fuente: LPO

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